jugador niño futbol

El fútbol como la vida es un permanente camino de contrastes. En ocasiones sentimos que todo fluye y somos capaces de superar cualquier obstáculo y al otro día un simple correo nos puede arruinar el día. En tan solo tres días nuestro fútbol nos dio un claro ejemplo de ello y con nombres propios: Dayro Moreno y Juan Camilo Hernández, dos talentosos con un presente muy diferente…

Durante muchos años Dayro fue uno de los delanteros más apetecidos de nuestro fútbol y pasó por varios grandes de nuestra liga (Once Caldas, Millonarios, Junior, etc.) en los que se cansó de romper las redes rivales. Fue goleador de nuestro torneo durante seis ediciones distintas y se convirtió en el anotador histórico del Tijuana de México. Pasó además por Rumania y Brasil y sus goles lo llevaron incluso a la selección Colombia. El pasado fin de semana cuando su equipo, Atlético Nacional, enfrentaba al Deportivo Cali por la fecha 14 de la Liga Águila se presentó uno de los hechos más desagradables de nuestra historia (y eso que nuestro fútbol ha tenido muchos).

Una opción de tiro libre para el verde de la montaña se convirtió en en una disputa de barrio entre Dayro Moreno y Jeison Lucumí por cobrar la falta. Como todos ustedes ya saben la historia terminó con un cabezazo de Lucumí hacia Dayro y su posterior expulsión. Lo que más llamó la atención fue la forma en la que a pesar de la expulsión Dayro seguía emitiendo improperios hacia su compañero y una vez finalizado el encuentro salió “envenenado” a buscarlo al camerino. Todo esto enmarcado dentro de uno de los grandes clásicos de nuestro rentado y con el agravante de que el local había invitado a 1.000 niños para sembrar la semilla de la afición.

En la otra vereda se encuentra Juan Camilo Hernández, actual jugador del Huesca de España, que salió desde muy jovencito del América hacia tierras europeas. El “Cucho” recibió su merecido llamado a la tricolor y en su premier internacional anotó por duplicado: el debut soñado, ni Enrique Campos con “El sueño del pibe” lo habría imaginado tan glorioso. Y fue glorioso porque no cualquier jugador que llega por primera vez a una selección anota con la primera pelota que toca al entrar desde el banco. Es el premio a la humildad, al hambre de gloria de nuestro niño interior, a ese afán de demostrar ese cariño y ese respeto que se le tiene al oficio que uno elige para vivir. Respeto y humildad que él mostró desde sus declaraciones y que en cambio Dayro parece haber perdido.

Pero si el fútbol es como la vida, no puedo evitar preguntarme si muchas veces no tenemos esa misma actitud en nuestro día a día, en nuestro trabajo. Sé que todos en algún momento (y por diferentes razones) hemos odiado a nuestro jefe y hemos estado a punto de renunciar, pero ¿cuántos de nosotros hemos demostrado esa actitud altanera, sobrada, mezquina e irrespetuosa de Dayro, olvidando que alguna vez fuimos ese “Cucho” con la ilusión del niño que quiere comerse el mundo? – Solo para su reflexión, ¿es usted en este momento de su vida el Dayro o el “Cucho” de su trabajo? Piénselo…

+ RUDO, – CURSI (y en sentido contrario)