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EL COLAPSO DE LA INGENIERÍA CIVIL EN COLOMBIA

Desde hace un tiempo es frecuente ver en los noticieros colombianos, información desastrosa acerca de las fallas en las obras de infraestructura más importantes del país, donde nos cuentan la cantidad de inconvenientes que se presentan en la realización de las mismas, siendo estos de toda índole, que hacen que los ciudadanos nos preguntemos acerca de la idoneidad de las personas que se están encargando de dirigir y ejecutar estos megaproyectos que tantas esperanzas efímeras no han creado, pero que lo único que han consolidado hasta el momento es un mal recuerdo, imborrable en NUESTRAS mentes y en NUESTROS corazones.

Con base en lo anterior, haciendo una breve mención a tales “megaestructuras” nos llegan a la mente nombres como el del Edificio Space en Medellín, el cual tuvo que ser demolido por el peligro que representaba para los pobladores, tanto así que esta edificación acabó con la vida de doce (12) trabajadores que estaban haciendo su máximo esfuerzo para arreglar un problema estructural que tenía; otro ejemplo, se evidencia con el puente peatonal que se encontraba ubicado en la carrera 11 con calle 103 en la ciudad de Bogotá, el cual se desplomó cuando decenas de militares fueron solicitados en colaboración para realizar la prueba final de carga… lastimosamente, ocurrió lo del dicho popular que reza “los mejores panes se queman a la puerta del horno” y menos mal se quemó, a pesar de las lesiones que sufrieron las personas que ayudaron a probar la resistencia de la estructura.

Como si fuera poco, si nos centráramos en escribir todos estas frustraciones de construcción que hemos tenido en Colombia durante la última década, podríamos perfectamente escribir una novela triste comparable tal vez, con la de grandes escritores como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez o algo más clásico como Edgar Allan Poe y hasta de pronto un reconocimiento nos podrían entregar; pero, contrario a eso, el objetivo se enfoca en hacer un llamado de atención a todas las personas que están interviniendo en esa clase de proyectos tan ambiciosos, pues, cada día los colombianos despertamos con zozobra al no tener certeza acerca de grandes proyectos como Hidroituango, sobre todo porque aún tenemos latente la situación ocurrida con el puente Chirajara, que estaba siendo anunciado como uno de los más importantes puentes atirantados del país, e incluso del continente; sin embargo, de esa apasionada presentación sólo quedaron unos cadáveres de personas inocentes fallecidas, miles de millones de pesos en pérdidas y un cúmulo de escombros que nos recuerdan a diario los errores que hemos cometido, y los cuales escarbamos desesperadamente buscando la solución para que las cosas en COLOMBIA mejoren.

Debemos ser conscientes de la existencia de un grave problema que está afectando la vida y el desarrollo de nuestra nación, pero, a pesar de todo lo malo que pueda estar pasando y que a veces nos genera casi tantos temblores como los que tiene el puente Hisgaura en Santander, que es muy posible que también se desplome, debemos renacer de las cenizas pero aprendiendo de nuestras falencias, sobre todo, haciendo énfasis en el fortalecimiento de la veeduría ciudadana, que en estos casos es tan necesaria, y más cuando se están realizando una cantidad innumerable de proyectos de desarrollo a nivel nacional.

Tal vez, y con esto concluyo, un poco más de sentido de pertenencia en relación con NUESTROS proyectos de construcción, que son financiados con NUESTRO dinero y de los cuales NOSOTROS nos beneficiaríamos, sería una de las alternativas para permitir que tantos buenos colombianos le hagan frente a un puñado de “pillos” que nos están perjudicando, con lo cual se evidencia que el problema no radica del todo en los ingenieros encargados de planear la construcción de esas gigantescas obras, por el contrario, NOSOTROS también tenemos la culpa y es un buen momento para aceptar nuestra responsabilidad en esos escollos, tomándolo como la oportunidad perfecta para fortalecer el compromiso que tenemos con NUESTROS hijos, con NUESTROS compatriotas y con NOSOTROS mismos.

David Felipe Méndez Carreño

abodado asesoria

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