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FALSOS POSITIVOS

Una Vergüenza Internacional

La JEP ha revelado que, según sus indagaciones en el proceso conocido como “Caso 03”, por medio de versiones voluntarias, informes de Procuraduría, datos del sistema penal, la Fiscalía, el Centro de Memoria Histórica y desde luego- de los datos propios de investigaciones adelantadas por la propia JEP, no solamente fueron asesinadas por miembros del Ejército colombiano como siempre se dijo, algo más de 2.000 personas, sino que, en realidad, el número de víctimas de los mal denominados “falsos positivos” cometidos entre 2002 y 2008, ascendió cuando menos a 6.402 personas.

Se trataba de personas en la más completa indefensión, humildes, campesinas, trabajadoras, inocentes y desprevenidas, que atraídas engañosamente con promesas laborales fueron asesinadas y presentadas como bajas en combate.

La JEP, ha hecho un aporte a la verdad, y ha realizado una gran labor para acreditar sus funciones ante las organizaciones sociales tanto nacionales como internacionales, el siguiente paso que busca la JEP es mas allá de aportar a la verdad si no contribuir a la reparación de las víctimas.

Muchos años llevan las familias pidiendo “Justicia” para que tan horrendos crímenes no queden en la impunidad; que se diga toda la verdad; que se sepa quién o quiénes impartieron las órdenes; que ellos respondan, y que haya reparación integral y garantía de no repetición. Y que, según la Fiscalía, había tan solo el 24% de los casos investigados terminaron en condena judicial. Y la verdad no se ha conocido.

Los “falsos positivos” nos avergüenzan ante el mundo. Uno solo de estos crímenes habría sido abominable. Y fueron 6.402. Confiamos en la JEP. Si vamos a la realidad, el Estado debe reconocer que nuestra administración de justicia se ha demorado demasiado, que mucho se ha ocultado y que, hasta ahora, la impunidad ha sido la regla.

Cuando se conocieron los primeros casos de jóvenes sacados con mentiras de Soacha para llevarlos a la muerte, el entonces presidente de la República manifestó públicamente que se trataba de delincuentes muertos en combate, que no estaban “recogiendo café”. Con ello y con declaraciones posteriores de la fuerza pública, se quería explicar lo inexplicable y justificar lo injustificable.

El expresidente Álvaro Uribe ha sido el gran opositor al proceso de paz de su sucesor, Juan Manuel Santos, y a la justicia transicional, que se negoció en La Habana. En el Senado impulsó con su partido, el Centro Democrático, reformas para diluir o acabar con el trabajo del tribunal. Los magistrados, a pesar del peso del uribismo en el Legislativo y en el Ejecutivo, han demostrado ser un órgano inquebrantable e independiente, y también han exigido respuestas de los máximos responsables de las guerrillas, motivo de celebración para la democracia colombiana. Ha sido significativa, en este sentido, la reciente imputación de cargos por crímenes de lesa humanidad a los exdirigentes de la extinta guerrilla por los secuestros que cometieron durante décadas, una cruel práctica que ya reconocieron y por la que pidieron perdón. Se antoja más difícil ver algo similar con los falsos positivos. Aunque varios comandantes y soldados del Ejército se han acogido al proceso de la justicia transicional, en el que se evitan penas de cárcel a cambio de verdad y reparación, el reconocimiento por parte de los altos mandos militares ha sido más precario.

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Estudiante UGC

ARIEL DAVID VERGARA LOZANO

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