FUTBOL ARGENTINA FINAL

Hace muchos años las tardes de mi adolescencia se repartían entre la práctica deportiva en el colegio, el rock en español, la hora de Atari y, por supuesto, Súper Campeones. Para quienes no lo saben Súper Campeones (Captain Tsubasa originalmente) fue una famosa serie japonesa animada que relataba las aventuras de un joven entusiasta (Oliver Atom) en su carrera por convertirse en futbolista profesional. Una de las características de la serie era la prolongada duración de cada partido, en donde cada avance al campo rival podía tomarse dos o tres capítulos. Traigo a colación el recuerdo de la serie en estas líneas tan solo para probar que la realidad supera la ficción…

Desde aquella época adolescente no me enfrentaba a un partido que durara tanto como lo ha sido la llamada Final del Mundo, entre Boca y River, válido por el título de la Copa Libertadores. Y más allá de la novela que ha significado la decisión de encontrar el lugar ideal para jugarla, lo que resulta increíble son las condiciones en las que se suscitó el incidente y la poca diligencia de las autoridades competentes para solucionarlo.

Pongámonos en contexto. El pasado sábado 24 de noviembre mientras la plantilla de Boca Juniors se dirigía hacia El Monumental, el bus que los transportaba fue atacado por supuestos hinchas de River Plate, ocasionando lesiones a algunos de sus jugadores e incluso enviando a uno de ellos al hospital. El suceso provocó una inmediata reunión de los dirigentes para lo que uno esperaría se resolviera sin muchos rodeos: la cancelación del partido por falta de garantías. Pero no fue así. Tras la primera reunión se dijo que se jugaría más tarde y así se oficializó a través de twitter. Un par de minutos después se dijo que mejor no y que se jugaría al otro día. Después se sostuvo que el Monumental sería sancionado y se jugaría sin público. Acción seguida se revalúo de nuevo el asunto y se habilitó el estadio con público incluido. Al día siguiente, desde muy temprano, los canales argentinos arrancaron sus respectivas transmisiones y cuando se llegó la hora del partido nuevamente se volvió a cancelar y se dijo que quedaba aplazada hasta nueva orden. En este punto de la historia ese pacto de caballeros que hicieron los presidentes para no jugar el sábado se transformó en el reclamo de River por jugar con su gente y en el de Boca por no jugar y recibir los puntos (como sucedió con ‘La Banda Cruzada’ en 2015). En reunión sostenida el pasado martes se concluyó que finalmente el partido se va a jugar en cancha neutral, fuera de Argentina (probablemente en el Santiago Bernabéu), el domingo 9 de diciembre.

Dicen que cada país tiene los gobernantes que se merece y si nos fijamos en el comportamiento de algunos de nuestros hinchas, tal vez sea cierto. No debe ser fácil estar en sus zapatos y tomar decisiones que involucran miles de millones, pero la labor de un dirigente debe ser la de resolver rápido y equitativamente para todas las partes.

Es una tristeza que en la final de un torneo tan importante como este se hable de todo menos de fútbol, pero lo más preocupante es ver la descomposición de una sociedad que no acepta un color de camiseta diferente, que no reconoce en él a un rival sino a un enemigo y que convierte  algo tan bello y entretenido como el fútbol en un problema de orden público.

Seguramente Oliver y Benji en Súper Campeones nunca tuvieron estos problemas…   

+ RUDO, – CURSI (y en sentido contrario)