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VERDAD VS VERDAD PERIODÍSTICA

Los medios de comunicación en Colombia no siempre han sobresalido por su alto rango de credibilidad, lamentable es, que no se pueda generar la confianza que deberían merecer frente a la información que imparten a la sociedad.

Tras el mandato del Ex presidente César Gaviria, y la reforma a la Constituyente en el 91, se permitió dar paso a la tan anhelada protección de los derechos humanos y los mecanismos para su defensa; igualmente, dio paso a la apertura y lo más importante, una democracia, en donde se generaron mesas de debate frente a los derechos y garantías que conciernen en ellos; entre tantos debates y análisis, se desprendió uno, que fue el del derecho no sólo a la libre expresión, si no a la libertad de prensa, que se vio irrumpida por el Decreto 1812 de 1992 que establecía restricciones a ésta última, argumentando que violaba el derecho a la libre expresión.

No fue sino hasta esa época en la que se dio paulatinamente un espacio cobijado por la irreverencia, la sátira y el humor político mediante franjas que se abrieron en radio, además de las televisivas para programas como Zoociedad, Quac, El siguiente programa, Los reencauchados, formatos en nuevas tecnologías como “La Pulla”, “Me dicen Wally”, “Café Picante” que han permitido abrir espacios de sana y libre expresión, que salen de los formatos tradicionales y la manipulación mediática, llegando de forma amable y risible a cada una de las personas, mediante la implementación de prácticas conceptuales, como lo es, DECIR LA VERDAD, pero decir dicha verdad sin libreto ni restricción alguna, buscando siempre el trascendentalismo en los receptores del mensaje, en donde se procura desestimar la información impartida por los medios tradicionales y Nacionales, para desinformar sobre una realidad paralelamente creada o parcialmente modificada y volver a informar de forma correcta a los ciudadanos, sobre lo que es claro que no se puede ocultar.

Los medios de comunicación en Colombia y el periodismo que trata de alimentarlos, se encuentran sesgados y limitados más que nunca, en aras de promulgar una verdad maquillada, una verdad a medias, una verdad confusa, limitando el campo informativo y generando un mal uso de los mismos. Y vemos entonces, que se concibe un choque entre la verdad y la verdad periodística, se da porque la segunda, se crea y se genera dentro de los intereses propios y los intereses políticos de las más grandes e influyentes personalidades de la sociedad Colombiana, que se han tomado un amplio porcentaje de los medios de divulgación y comunicación.

Si bien es cierto, existe una tendencia predominante en Latinoamérica, de facilismo, conformismo y comodidad frente a la información que se nos es impartida. Los avances tecnológicos han permitido que la información esté al alcance de todos y en tiempos record; pese a que resulta bueno y cómodo dicho avance, también trae consigo consecuencias y actos irresponsables como lo es la desinformación..

La relación y conexidad de lo anterior, está arraigada en que es muy fácil promulgar y propagar noticias e información manipulada o falsa, pero a su vez, el conformismo social lleva a que no se está mirando el trasfondo de dicha información, no existe una cultura investigativa ni educativa que haga que las personas se cercioren de lo que en los medios y en las plataformas circula, tomando como cierto cada dato impartido. De éste modo, los medios empiezan a sacar provecho y se están encargando de promover la pérdida de una identidad cultural, creando otra más débil y manipulable.

Se pierde esa búsqueda de una ventura y de un bien común que es apabullado por un interés propio de unos pocos y es aquí donde deja de existir la colectividad, porque los medios y los noticieros se institucionalizaron a manos de esos pocos, que resultan condicionados en la medida en que si no transmiten la verdad periodística a medias, entonces será probable que les suspendan el espacio de comunicación.

La censura es un tema espinoso que ha tomado fuerza por éstos días, frente a todo aquel que quiera manifestarse y poner en tela de juicio una verdad casi plena frente a innumerables situaciones políticas, sociales, culturales, etc y que además pretenda hacer valer su derecho a la libre expresión, conjuntamente de una libertad de prensa. ¿Prevalecerá entonces el periodismo irresponsable y los intereses de unos pocos antes que un bien común y una verdad objetiva?

María Juliana Sánchez Páez

abodado asesoria

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