GOL A LOS ESTEREOTIPOS DE G√ČNERO

El f√ļtbol en nuestro pa√≠s es una excusa para el encuentro. Alrededor de este deporte se crean comunidades afines a un club, se re√ļnen grupos de familia, de amigos y se tejen un sinn√ļmero de relaciones.

Infortunadamente, en algunas ocasiones la intolerancia reina cuando se est√° frente a la diferencia, y la pasi√≥n que produce el f√ļtbol se traduce de manera errada en manifestaciones de violencia en contra de quien piensa diferente. No obstante, la uni√≥n y las reacciones positivas que se generan en torno al f√ļtbol, no deben verse opacadas por las malas acciones de algunos.

El nuestro es un pa√≠s con una afici√≥n fuerte, aqu√≠ se respira gusto por el deporte. Lucho Herrera, el ‚Äúcochise‚ÄĚ Rodr√≠guez, Mariana Paj√≥n, Nairo Quintana, Caterine Ibarg√ľen y un mont√≥n de colombianos m√°s integran la extensa lista de deportistas que han sembrado el j√ļbilo en los colombianos, siempre verlos competir es un escenario para la uni√≥n.

La selecci√≥n colombiana de f√ļtbol y los equipos que integran la liga del f√ļtbol colombiano, dir√≠a yo que son quienes m√°s convocan aficionados y es el deporte que m√°s eco genera en el pa√≠s, pero tambi√©n es el que m√°s desigualdades propicia. Sin lugar a dudas, en la cultura nuestra jugarlo es cuesti√≥n de hombres o por lo menos as√≠ lo fue por muchos a√Īos.

Jugar f√ļtbol para una mujer en Colombia ha sido un verdadero reto, muchas coincidimos en que el primer escenario en que se enfrenta machismo por manifestar gusto hacia este deporte, es la familia. Las mujeres de la casa, son quienes primero tildan de ‚Äúinadecuada‚ÄĚ la pr√°ctica de este deporte cuando se es ni√Īa, hacerlo-seg√ļn ellas- no corresponde a una actividad que obedezca a los comportamientos propios de la feminidad.

Sin embargo, el gusto por el deporte ha salido avante pese a las trabas que se han impuesto a las mujeres practicantes. Y as√≠, se constituy√≥ una selecci√≥n femenina de f√ļtbol en el nivel profesional, que ha tenido participaciones gloriosas, como la del mundial de 2015 cuando venci√≥ 2-0 a la selecci√≥n francesa y se constituy√≥ en la primera selecci√≥n femenina de habla hispana en superar la fase de grupos. Esta por mencionar s√≥lo una de sus actuaciones.

Igual camino sigui√≥ la liga femenina, cuando el Club Independiente Santa Fe en el a√Īo 2016 cre√≥ el primer equipo de f√ļtbol profesional femenino, que adem√°s se coron√≥ campe√≥n en la Liga Aguila Femenina 2017 y abri√≥ el camino para llegar a contar con el aval que en el f√ļtbol masculino se ha otorgado de forma tajante.

La Conmebol instituy√≥ que los clubes latinoamericanos deb√≠an tener en sus listas un plantel femenino, para competir en los torneos que dicha asociaci√≥n organiza y Colombia sigue en ese camino, a√ļn inconcluso.

El apoyo de las instituciones encargadas del f√ļtbol, a veces parece impostado y en algunas esferas el hermetismo acerca de la pr√°ctica de este deporte, sigue siendo latente. Las convicciones de muchos a√ļn les dicen que los hombres son quienes deben jugarlo y que a pesar de la apertura que se ha dado, las mujeres jam√°s ocupar√°n un espacio tan importante en este deporte ni convocar√°n las masas que convocan las ligas masculinas. Es tan as√≠, que las agresiones han ocupado un titular de las noticias sobre el f√ļtbol femenino. En Diciembre de 2018 Gabriel Camargo afirm√≥ que la liga femenina es un ‚Äúcaldo de cultivo del lesbianismo‚ÄĚ y recientemente se han destapado esc√°ndalos que dan cuenta de un presunto acoso sexual en contra de dos integrantes de la selecci√≥n sub 17, por parte del entrenador y el preparador f√≠sico del equipo.

Al parecer el estigma no cesa y las pol√≠ticas que apoyan la inclusi√≥n efectiva del f√ļtbol femenino no son suficientes para que haya un reconocimiento sincero. La educaci√≥n en los hogares es fundamental para que los prejuicios sean cada vez menores y el conflicto no se pretenda solucionar con medidas que en √ļltimas no solucionan de fondo.

Las capacidades de un individuo deben medirse de manera personalizada, el reconocimiento de su habilidad o no para desempe√Īar determinada actividad, debe estar determinado por la evaluaci√≥n espec√≠fica, sin incurrir en imprecisiones como las que surgen cuando existe una generalizaci√≥n. Si seguimos creyendo que el deporte es un asunto exclusivo de alg√ļn sector, se estar√°n perdiendo talentos que nacen en un espacio excluido de esa franja.

En las ligas tanto masculina como femenina hay talentos excepcionales, capacidades deportivas grandes, que deben valorarse sin que medie el sexo en ello. Mientras no entendamos que la prevalencia la debe tener el talento, la habilidad y no el prejuicio, seguiremos encaminados en una ideología que excluye a priori.

Alejandra Osorio

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